meditacion, zen

ZAZEN

Cualquier cosa que suceda, sucede; tú estás simplemente sentado. Zazen significa simplemente sentarse sin hacer nada. En los monasterios Zen, los monjes se sientan durante años, todo el día. Pensarás que están meditando. ¡No lo están! Están simplemente sentados en silencio. Y silencio no quiere decir que estén usando algún mantra para crear silencio; están simplemente sentados. Si una pierna se entumece, la sienten. Están alerta. Si el cuerpo se siente cansado, están alerta: el cuerpo se siente cansado. Así es como tiene que sentirse el cuerpo. Si hay pensamientos moviéndose, lo saben. No están tratando de pararlos; no están tratando de apartarlos a la fuerza. No están haciendo nada. Los pensamientos están hoy como nubes en el cielo, pero ellos saben que las nubes no pueden destruir el cielo, vienen y van.

De modo que hay pensamientos moviéndose en el cielo de la consciencia; vienen y van. No los fuerzan, no los paran, no hacen nada: Simplemente están atentos a que los pensamientos se están moviendo. A veces llega la depresión, una nube; todo se vuelve sombrío. A veces llega la felicidad, un rayo de sol; todo empieza a bailar, como si las flores se hubieran abierto por toda la consciencia. Pero ellos no se alteran ni por esto ni por lo otro, ni por el tiempo nublado ni por el brillo del Sol. Simplemente esperan y ven que las cosas se están moviendo. Ellos están simplemente sentados a la orilla de un río, y todo sigue moviéndose. No tratan de cambiar nada.

Si llega un mal pensamiento, no dicen: «Esto es malo», porque en el momento en que dices: «Esto es malo», tienes avaricia de cambiarlo. En el momento en que dices: «Esto es malo», lo has apartado a la fuerza; lo has condenado, y te gustaría convertirlo en algo bueno. Ellos simplemente dicen “esto es esto, eso es eso”. Ninguna condena, ninguna evaluación, ninguna justificación. Simplemente están mirando, observando.

A veces se olvidan de observar. Tampoco entonces se alteran. Saben que «por supuesto es así», que «me olvidé de observar; ahora recuerdo y observaré de nuevo». No crean ningún problema. Viven lo que es. Los años llegan y se van, y ellos siguen sentados y viendo lo que es.

Luego un día todo desaparece. Igual que un sueño, todo desaparece y estás despierto. Este despertar no es algo practicado; este despertar no es cultivado. Este despertar es tu naturaleza, tu naturaleza básica. Ha brotado porque pudiste esperar pacientemente y observar, y no creaste ningún problema. Recuerda esto como algo muy básico: no crees problemas!.

14573041_1788028984802763_6130382773929076600_n

Siéntate en cualquier posición que te resulte confortable la espalda erguida, la media sonrisa en la cara; respira con lentitud y profundidad, siguiendo cada respiración, siendo uno con ella; deja pasar todo e imagínate que eres una piedrecita arrojada a un río. La piedra pasa a través del agua sin esfuerzo. Desapegada de todo, lentamente se va hundiendo hasta alcanzar el fondo, el punto de descanso perfecto. Y tú, el practicante, eres como un guijarro que se ha arrojado a sí mismo al río, ausente de todo lo demás; todo tu centro es tu respiración, no necesitas saber el tiempo que tardarás antes de alcanzar el punto de perfecto descanso sobre el lecho de fina arena bajo el agua. Y cuando te sientas tan descansado como el guijarro que ha alcanzado el lecho del río, ese será el punto en el que encontrarás tu propio descanso. Ya no te sientes empujado ni atraído por ninguna otra cosa; sabes que si no puedes encontrar alegría y paz en ese preciso instante, el futuro fluirá como fluye el río, no podrás retroceder, serás incapaz de vivir el futuro cuando ese futuro sea ya el presente. La alegría y la paz sólo son posibles en ese preciso instante y si no lo hallas aquí no las encontrarás en ningún otro lugar.

No persigas tus pensamientos como la sombra persigue su objeto; no corras tras tus pensamientos como el alma robada corre tras su amuleto mágico. No lo pospongas, encuentra tu paz y tu alegría en ese preciso instante.

10494678_10152364654098335_7146719765630834857_n

Durante la meditación pueden surgir varios sentimientos y pensamientos. Si no practicamos la atención sobre la respiración, estos pensamientos pronto nos apartarán de la atención mental. Pero la respiración no sólo es un medio para ahuyentar tales pensamientos y sentimientos. La respiración es el vehículo que une el cuerpo a la mente y abre las puertas de la sabiduría. Cuando surge un pensamiento o sentimiento, nuestra intención no debe ser ahuyentarlo, pues si continuamos concentrándonos en la respiración el sentimiento o pensamiento se aleja naturalmente de la mente. Y si nuestro comportamiento no debe ser ahuyentar, odiar, preocuparse o asustarse, ¿qué es exactamente lo que debemos hacer al respecto? Sencillamente, acusar su presencia. Por ejemplo, si surge un sentimiento de tristeza reconocer inmediatamente: “Acaba de surgir en mí un sentimiento de tristeza”. Si ese sentimiento continúa, seguir reconociendo “todavía hay en mí un sentimiento de tristeza. Si, por ejemplo, surge un pensamiento tal como “es tarde pero los vecinos están haciendo mucho ruido”, admitir que el pensamiento de que es tarde y los vecinos están haciendo mucho ruido ha aparecido. Y si el pensamiento se mantiene, seguir reconociéndolo. Y reconocer de la misma manera cualquier sentimiento o pensamiento que pueda surgir.

Lo esencial es no permitir que surja algún sentimiento o pensamiento sin reconocerlo con atención mental, como el guardián de un palacio que se da cuenta de cada cara que pasa por el corredor.

Mientras se practica la atención mental uno no debe estar dominado por la distinción entre lo bueno y lo malo, creando una batalla dentro de sí mismo.

Siempre que surja un pensamiento bueno, reconoce: “acaba de surgir un pensamiento bueno”. Y si un pensamiento malo surge, reconócelo también: “acaba de surgir un pensamiento malo”. No lo alimentes ni trates de desembarazarte de él; reconocerlo es suficiente. Si te has ido, debes saber que te has ido, y si estás allí todavía, debes también saberlo. Una vez que hayas alcanzado ese estado de conciencia, no habrás de temer ya nada.

Este reconocimiento debe hacerse sin juicios; tanto los sentimientos de compasión como los de irritación deben ser bienvenidos, reconocidos y tratados igual porque ambos son nosotros.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s