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Ni tú ni yo somos los mismos ya

 

Mis queridos, siempre al actuar en cada situación de su vida diaria no actúan libremente, aunque lo crean así, pues nunca están AQUÍ y AHORA. Cuando algo sucede su mente les trae todo el historial vivido con respecto a ese hecho puntual. Y REACCIONAN en base a esa información que es casi automática, no es pensada y elegida, en realidad la respuesta la dispará el cerebro. Uno no “ve” nítido el ahora, la mente la empaña siempre con comentarios, etiquetas, clasificaciones, creencias limitantes, siempre hablando, ese “ruido mental” los predispone de cierta manera antes de interactuar.

 

Les comparto este cuento que refleja lo que les quiero transmitir, pero lo hace desde su opuesto, desde la forma no común de actuar.

 

“El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.

Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca solo cayó al lado del Buda, y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido pero permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.

Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente.

Muy sorprendido, Devadatta preguntó:

         ¿no estás enfadado, señor?

          No, claro que no.

Sin salir de su asombro, inquirió:

         ¿Por qué?

         Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.”

 

 

El Maestro dice: Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable.

 
 
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1 comentario en “Ni tú ni yo somos los mismos ya”

  1. -:o:O:o:-¡¡Que regalo tan jugoso, tan espléndido, tan exquisito, tan perfecto es el AHORA!!!Este eterno presente que se abre siempre al infinito y que por torpeza mental y emocional buscamos contenerlo, limitarlo y etiquetarlos con nuestros juicios.Como Buda sonreiría yo eternamente, si en ningún instante olvidara -porque aún son torpe, y por ratos lo olvido- esa generosidad total que la Existencia nos ofrece sin cansancio. Claro que Buda no la olvidaba porque no tenía que "recordarla", pues ya se había FUNDIDO EN ELLA.No existe regalo más nuevo y más bendito que este eterno presente, el aquí y el ahora… pero al tratar de describirlo aquí, parte de mí se lo está perdiendo.-:o:O:o:-

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